Jugando al escondite con 20minutos

Reto al lector a que intente atravesar a pie una ciudad como Gijón a las 8 de la mañana, tratando de esquivar a todos los repartidores de 20minutos y Qué!. A diferencia de Metro, que está disponible en cantidades razonables en sitios estratégicos (casi hay que ir a por él de forma consciente), no es difícil acabar con dos o tres de los primeros debajo del brazo, buscando un lugar adecuado para dejarlos -todo sea por no poner mala cara a quien se saca un dinero con ello-. No sé qué tirada tienen estos periódicos pero no creo que las cifras de lectores con las que camelan a los anunciantes lleguen ni a la mitad de las especificadas, con lo que el coste por página vista -que no contratada- se dispara si lo comparamos con los de pago de toda la vida. Paquetes de cientos de ejemplares sin desembalar a las 6 de la tarde -los que no se han distribuído a mediodía son ya papel para reciclar- y un público saturado de información hacen del plan de negocio de esta prensa involuntaria algo inocente. Un modelo mal entendido que quizá haya llegado tarde, ahora que los periódicos se quedan obsoletos según se conciben.
Imagen: Day 53, de Meredith Farmer. Bajo una licencia Creative Commons.