La paradoja de la contracultura
Si quieren salir de la oscuridad para transmitir su mensaje a las masas, incluso aquellos cuyo mensaje es crítico con un sistema que comercia con el arte, deben asumir las normas que rigen su funcionamiento.
Por ejemplo es el plato de todos los días para los que siguen tendencias musicales más o menos nuevas o minoritarias. Artistas que escriben letras de protesta al ver que todo es absorbido por el comercio, no tendrían problemas para fichar por alguna de las discográficas más potentes del país.
« El término contracultura puede y debe entenderse en dos sentidos: por una parte, constituye una ofensiva contra la Cultura (oficial); por otra, una "cultura a la contra" que permanece (al menos en un primer momento) al margen del mercado y los medios de formación de masas, en el underground. Se trata, pues, de manifestaciones culturales que se presentan como alternativa a la cultura predominante, generalmente preservadas y transmitidas por pequeños grupos sociales. [...]
En múltiples ocasiones los movimientos de contracultura han sido absorbidos por la superestructura, que los desactiva, convirtiéndolos en modas inofensivas. En estos casos, resulta equívoco seguir utilizando el término, pues los movimientos así asimilados forman parte, en calidad de "subculturas" o subproductos, de la cultura dominante y no se contraponen a la misma. » Fragmento, Wikipedia.
« La actual contracultura es parte del sistema y que, para colmo, la contracultura se ha convertido en un tremendo leit motiv [leit motiv=algo recurrente] económico. [...]
El líder del famoso grupo Nirvana decidió suicidarse. Además de estar fundido por las drogas, le dolía que su música sirviese a las multinacionales discográficas. De hecho, había intentado que sus discos fueran poco comerciales, pero siempre aumentaba las ventas. Por fin, decidió pegarse un tiro y lo único que consiguió es que las ventas de sus discos se dispararan. Gran beneficio para la discográfica.» Fragmento, Rebelarse vende; el negocio de la contracultura, por Joseph Heath y Andrew Potter, publicado en Forum Libertas.