«Tengo la sensación de que ninguna habitación está nunca silenciosa de verdad; la sensación de que incluso en las habitaciones más silenciosas, más vacías y donde pasan menos cosas, siempre ocurre algo realmente importante. Este acontecer es el propio Tiempo, que espumea, furioso y en ebullición como un río, rugiendo al atravesar esta habitación y todas las habitaciones, el Tiempo que fluye por las camas, sale a borbotones de los minibares, brota de los espejos y, en su avance grandioso, invencible, me lleva con él.»