« En un sistema guiado por la tradición se introduce un elemento innovador y triunfa. Si el resto de rivales no se adapta a la nueva estrategia de competición, son barridos. Así, de estar al borde de la desaparición hemos pasado a la superpoblación.
¿Somos la especie con más éxito en el planeta? Muchos dirían que no. Hormigas, cucarachas… otros esquemas de supervivencia claramente exitosos. Esto relativiza mucho nuestros logros. Como individuos de una especie, no se nos puede considerar más que como copias de seguridad de un código genético común. Nuestra misión (como individuos y como especie) es la perpetuación de ese código, estamos aquí para sacar tantas copias de seguridad como podamos. Las cucarachas y las hormigas, también. [...]
Desechada la paja, volvamos a plantear la pregunta: ¿Diferencias entre una cucaracha y un ser humano? o mejor, cambiemos la pregunta: ¿Qué es mejor, una cucaracha o un ser humano? Siendo el fin que se persigue el asegurar la continuidad, hemos de dar una notable ventaja al insecto, que lleva mucho más tiempo que nosotros (simples advenedizos) faenando entre amenazas. Como modelo de supervivencia, es admirable; un banco avalaría mucho antes un préstamo para fabricar cucarachas que para fabricar personas, ya que las cucarachas han demostrado su competencia mientras que el hombre acaba de salir al mercado y es un producto relativamente novedoso. »
Fragmento, Poseemos herramientas poderosas. Revista Alt+64.
En palabras de Arthur C. Clarke: « Aún tiene que probarse que la inteligencia tenga algún valor para la supervivencia. »
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