Cuando «conoces» la WWW aprecias verdaderamente el valor de las bibliotecas. Entre otros motivos porque el costo de publicación y distribución actúa de filtro. Los autores se esfuerzan porque a las estanterías llegue un material brillante*. Esto no ocurre en la web; lleva un tiempo reconocer unas cuantas fuentes de contenido de calidad, bien redactado y argumentado. Ya busques referencias o entretenimiento. Una inmensa proporción de información inútil puede ser peor que su absoluta ausencia: pierdes el tiempo. Estamos ante un medio que facilita en gran medida las transacciones económicas y la comunicación y asociación entre individuos. Pero como herramienta de consulta deja bastante que desear. La tarea de valorar, catalogar y organizar todo lo publicado en la web es una tarea inabordable si se espera un rigor comparable al de una biblioteca tradicional, donde los textos son por necesidad de mayor calidad e infinita y obviamente más escasos. La web es muy atractiva, pero conviene que ser consciente de dónde estamos: en un medio donde las barreras de entrada son casi inexistentes, con todo lo que ello acarrea.
(*) Estamos suponiendo que el público sabe apreciar el material de buena calidad.
Imagen por Juanjo Aza. Bajo una licencia Creative Commons.