«Nuestras verdades no valen más que las de nuestros antepasados. Tras haber sustituido sus mitos y sus símbolos por conceptos, nos creemos más “avanzados”; pero esos mitos y esos símbolos no expresan menos que nuestros conceptos. [...]. El Saber -en lo que tiene de profundo- no cambia nunca: sólo su decorado varía. Prosigue el amor sin Venus, la guerra sin Marte, y, si los dioses no intervienen ya en los acontecimientos, no por ello tales acontecimientos son más explicables ni menos desconcertantes: solamente, una retahíla de fórmulas reemplaza la pompa de las antiguas leyendas, sin que por ello las constantes de la vida humana se encuentren modificadas, pues la ciencia no las capta más íntimamente que los relatos poéticos.»
Establecer una correspondencia entre un concepto y una grafía o secuencia de sonidos (esto es: darle un nombre) no nos convierte en su dueño. Sólo podemos poseer aquello que entendemos. Y eso es muy poco, porque nuestro entendimiento se edifica sobre dos principios: la comparación y la costumbre. Partimos de unas ideas de las que no podemos o no sabemos demostrar su veracidad y tiramos para adelante con la esperanza de no llegar a ninguna contradicción que nos obligue a revisar los cimientos.
Gracias a lo primero —lo de la comparación—, nos damos cuenta de que, por alguna razón, subyace una estructura lógica en todas las cosas que nos rodean (y que nos constituyen). Lógica porque no parece romperse por ningún sitio (al menos en las capas más externas del conocimiento, en lo ampliamente estudiado a lo largo de los siglos). Se puede someter cualquier campo a estudio y, con el tiempo, dar con las normas universales que lo gobiernan; con ello obtenemos el potencial para crear pronósticos sobre la respuesta de los sistemas. Puedes entender el universo en el que vives como un sistema realimentado que puede ser descompuesto en otros más modestos y relativamente aislados entre sí. Podemos construir modelos de sistemas muy complejos. Pero no por ello nuestro mundo deja de ser mágico, interesante y extraño: el hecho de que podamos analizar las cosas y obtener un patrón puede ser increíble, maravilloso. Pero eso no cambia el hecho de que no sabemos por qué podemos hacer eso, ni siquiera qué somos ni por qué estamos aquí, sólo podemos hacer conjeturas sobre el por qué hay un lugar donde estar... ¿Crees que podría ser de algún otro modo?
Últimamente no dispongo de mucho tiempo. Quisiera hablar aquí de tantas cosas diferentes y desarrollar, organizar y pulir más los temas... pero ya llegará el día en que pueda hacerlo mucho mejor. No quería dejar de compartir esto tal como está, creo que es interesante aunque no suponga ninguna primicia.
Imagen: Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte, de Georges Seurat.