«Después de Lucerna, el último concierto en vivo dado por el gran director tuvo lugar el 20 de septiembre de ese año. Tras ello, cuando en un ensayo de su propia Segunda Sinfonía fue incapaz de escuchar las líneas de apertura en un solo de fagot del tercer movimiento, Furtwängler lloró, depositó la batuta en el atril y con voz quejumbrosa le dijo a los músicos:
“Sí, gracias caballeros… esto es todo. Adiós”.
Fue la última vez que el maestro enfrentó a una orquesta. Nueve semanas después, luego de una penosa y difícil agonía, Wilhelm Furtwängler falleció totalmente sordo en la Clínica Ebersteinburg, en las afueras de Baden-Baden, el último día de noviembre de 1954.»
Fragmento, La novena de Lucerna.
Imagen: DS Uri leaving Lucerne, © elessar_ch.