«Demasiadas veces celebramos la arrogancia y la chulería, y a los bravucones. Demasiadas veces excusamos a los que quieren construir su vida sobre los sueños destrozados de otros seres humanos.
[…]
Nuestra vida en este planeta es demasiado corta, el trabajo por hacer es demasiado grande para dejar que ese espíritu prospere por más tiempo en esta tierra nuestra. Desde luego, no podemos prohibirlo ni con acciones militares, ni con una resolución. Pero quizás podamos recordar, aunque sea por un momento, que aquéllos que viven con nosotros son nuestros hermanos, que comparten con nosotros el mismo corto momento de vida, que sólo buscan, como nosotros, la oportunidad de vivir la vida con bienestar y felicidad, disfrutando lo que la satisfacción y el logro les proporciona. Seguramente este vínculo de sentido común, seguramente este vínculo de objetivos comunes, puede empezar a enseñarnos algo. Podremos aprender, por lo menos, a mirar alrededor a aquellos de nosotros que son nuestros semejantes, y seguramente podremos empezar a trabajar con algo más de entusiasmo y a curarnos mutuamente las heridas, y convertirnos otra vez, en hermanos de corazón.»
Fragmento del famoso discurso de Robert Francis Kennedy, aspirante a la presidencia de los Estados Unidos de América. Fue asesinado en Los Ángeles en junio de 1968, dos meses después de pronunciar estas palabras [en español] [en inglés] [en el cine]. Imagen: incrediblyclose, © Cari Ann Wayman.