«Pero no todos estaban jugando a fútbol. Para un chico y una chica nada de lo sucedido hoy tendrá importancia salvo los ojos del otro. Se gustan y, superando la vergüenza, se lo han dicho el uno al otro. Poco importará que el amor eterno que algún día se jurarán, si no ha sido hoy ya, dure más allá de una semana. En ambos se ha grabado a fuego un sentimiento que buscarán con más o menos éxito el resto de su vida.
Los que habían formado corros para hablar comienzan a darse cuenta de que el recreo se ha acabado. Durante media hora todos han intentado ser el centro de atención con mayor o menor éxito. Los graciosos, los sabiondos, los empáticos, los quejicas y los líderes han puesto a prueba sus habilidades (quién sabe en qué medida innatas o aprendidas) y, quien más quien menos, también han obtenido sus pequeñas (o grandes) satisfacciones al ser escuchados. Si han sido pequeñas puede que en el siguiente recreo intenten cambiar para ser como el que ha sido escuchado atentamente por todos. Con el tiempo cada uno de ellos irá descubriendo sus puntos fuertes y débiles, y sus métodos para procurarse satisfacciones se depurarán hasta volverse automáticos. Al cabo de unos años ninguno de ellos se acordará de todas las pruebas y error que llevaron a cabo en aquellos recreos. Bueno... puede que alguien sí lo haga.»
Fragmento, Placeres más o menos socialmente aceptables (y entendibles).