«Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo.»
Jorge Luis Borges.
Necesitamos unas coordenadas en el tiempo y en el espacio para —aspirar a— ser felices. Son parte crucial de nuestra identidad. La fotografía es también poderosa porque puede mostrar el escenario privándolo de toda referencia, desnuda los momentos destruyendo su contexto. Lo que ves es lo que hay, lo que hay es lo que cuenta —ya sé que tú y yo nos habíamos ¿puesto de acuerdo? en algunos artículos previos sobre el hecho de que, lo que el espectador ve, es ponderado extraordinariamente por lo que trae consigo; pero como habrás advertido inmediatamente, no hay contradicción con ésto—. Más allá del encuadre se extiende la nada. Un poco más allá está la Torre Eiffel.
Las fotografías antiguas despiertan intensos sentimientos acerca de la verdadera naturaleza de la existencia humana.
Uno nunca puede estar seguro de si es más importante el instante inmortalizado o algún otro entre todos los que se han sacrificado por conquistar éste.
Imagen: obra de Robert Doisneau, a mediados del siglo pasado:
«Doisneau se levantaba muy temprano y recorría París para sorprender las imágenes furtivas de la calle, escenas inesperadas, algo curioso para un hombre al que no le gustaba mirar a la gente a la cara.
"París es un teatro en el que se paga el asiento con el tiempo perdido. Yo me planto allí con mi pequeño rectángulo y espero", decía. Doisneau inmortalizó El beso del Hôtel de Ville (1950), y fotografió tanto a grandes estrellas como a gente corriente. Prendado de una sonrisa, ese instante se convierte con su cámara en algo vivo y tierno. Supo encontrar, con sus ojos de tímido, la emoción, por muy escondida que estuviera.»
Fragmento de un artículo en un suplemento de El Mundo. Tú tienes tu propio París aquí y ahora, y probablemente aún no lo has notado. Con los ojos de la historia, lo que a ti te parece tan cotidiano, tan trillado, será un documento gráfico de incalculable valor en unos años, por mucho que la fotografía se haya masificado.