«Publicamos, ahora, unos 72000 títulos anuales, entre novedades, reediciones y reimpresiones pero, como todos sabemos y casi nadie queremos reconocer, “de esas decenas de miles de títulos un 95% o más no se come una rosca”, y el 5% restante constituye esa codiciada pieza por la que casi todas las editoriales suspiran, esa “bomba atómica que arrasará con lo demás y salvará holgadamente el balance de la empresa”. […]
A lo máximo que un escritor nocillero puede aspirar es a propagar sus textos por el canal que más beneficios le reporte, pertenecer a ese 5% de superventas destinado a un público al que la lectura le interesa sólo residualmente. Ya no hay espacio alguno que ocupar porque todo ha sido ocupado, invasivamente, por los sellos que alientan un tipo de campo editorial volcado primordialmente hacia la comercialización.»
Fragmento, La inutilidad de la escritura (y la intrascendencia de quienes la practican).
«Leer puede convertirse -de hecho a lo largo de la historia casi siempre ha sido así- en un acto de resistencia, de subversión, de firmeza y contestación, porque el yo se robustece y se atrinchera, se dota de razones y de armas dialécticas para la contienda. Parece que San Benito -con un libro en el regazo- decía: “un claustro sin libros es como un fuerte sin armaduras”. Y Sara Maitland se pregunta: “¿Qué tipo de intercambio se produce entre un libro y su lector? ¿Qué puede proporcionarnos un libro que una persona no pueda? Una respuesta posible podría ser: la experiencia de una relación en silencio; la infrecuente experiencia de una relación en la que nadie habla”.»
Fragmento, El silencio y la lectura.
Imagen: LifeForms: La Résistance, © Mitja Kobal.