«En última instancia, lo que llamamos vida no es sino un tejido formado por los retazos de recuerdos de otro. Con la muerte, se desteje y uno se queda con fragmentos desiguales e incompletos. O, si se quiere, con un conjunto de fotografías. Llenas de insoportables risas o de sonrisas igualmente insoportables. Insoportables por su unidimensionalidad. Yo debería saberlo bien, siendo como soy hijo de fotógrafo. Y podría llegar incluso a sugerir cierta conexión entre la fotografía y la escritura, porque ambas crean fragmentos en blanco y negro. O porque ambas constituyen un modo de retener algo. Pero no podemos pretender que lo que contemplamos continúe más allá de su dorso en blanco. […] Nuestro corazón debería ser más honesto ―si no más inteligente― que nuestra gramática.»
In Memory of Stephen Spender, a través de Meramente potencial.
Imagen: When the Sadness comes, © FatoOoma.