Soñadoramente conscientes de nosotros mismos

«El hombre se quedó mirando. Una serie de ideas relativas a la ciencia y la filosofía y otras cosas innominadas pareció flotar en el aire, o quizá estuviera él viendo demasiado. Pero era imposible ver demasiado. Cuanto menos había que ver, más se esforzaba y más veía. Ahí estaba la cuestión. Ver lo que hay, finalmente mirar y saber que está uno mirando, sentir el paso del tiempo, estar vivo a lo que ocurre en los más pequeños registros del movimiento. […]

La verdadera vida no es reducible a palabras habladas ni escritas, por nadie, nunca. La verdadera vida ocurre cuando estamos solos, pensando, sintiendo, perdidos en el recuerdo, soñadoramente conscientes de nosotros mismos, los momentos submicroscópicos. Lo dijo más de una vez, Elster, de más de una manera. Su vida ocurría, dijo, cuando estaba ahí sentado mirando una pared vacía, pensando en la cena.

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Una biografía de ochocientas páginas no es más que una conjetura muerta, dijo.

Yo casi lo creía cuando me decía tales cosas. Decía que hacíamos eso todo el tiempo, todos nosotros, llegamos a ser nosotros mismos por debajo del fluir de los pensamientos y las imágenes apagadas, preguntándonos ociosamente cuándo moriremos.

Así es como vivimos y pensamos, sepámoslo o no. Son los pensamientos sin clasificar que tenemos mientras miramos por la ventanilla del tren, pequeñas manchas apagadas de pánico meditativo.»

Fragmento, Punto Omega, de Don DeLillo. Visto en El Cultural del 5 de noviembre de 2010.

Imagen: © Sergio Alvaré Peláez. La tomé este verano, desde un tren que va de Ámsterdam a Bruselas.

Alfred Stieglitz

«Un viejo amigo pintor ya fallecido, que en los años 60-70 exponía en Nueva York y vendía cuadros, algunos cercanos al millón de pesetas, me dijo en una ocasión que el arte no es objetivamente medible y que es diferente según la persona que lo mira o, actualmente, la persona que lo paga.

Desde mi punto de vista, los cuadros de aquel amigo pintor no podían ser más feos y horribles, vamos, que hasta yo era capaz de hacer media docena en un momento.
Con la osadía y atrevimiento que otorga la ignorancia y la infancia, un día se lo dije y me hizo “entrar en razón”.

En cinco minutos me hizo un dibujo perfecto del natural.
Le dije que eso sí era bonito y artístico, a lo que me contestó que por eso no pagaban nada en Nueva York y por lo que a mí no me gustaba sí pagaban, y bien.

Tú decides si haces lo que a ti te gusta, o lo que les gusta a otros.»

“From The Back Window—291,” 1915.
From The Back Window—291. Alfred Stieglitz, 1915.
Visto en On and off the walls: it’s a wonderful town.

«Y ahora que está de moda despreciar lo viejo, lo antiguo, las fotos, amarilleando lentamente, nos dejan constancia de lo que fue y ya no está.»

Fragmentos, por Ángel Luis Domínguez.

Equilibrio II

Corsaria me envió hace algún tiempo un comentario acerca del último texto publicado, hace ya dos meses. Creo que es interesante, y lo que iba a publicar como una actualización ha adquirido la masa crítica y ya es lo suficientemente kafkiano como para constituir una entrada propia:

«Buenas tardes,

Acabo de leer tu último post: Equilibrio
http://www.blojer.com/2010/09/equilibrio.html

Y como tiene los comentarios cerrados uso este medio para hacértelos llegar.

Si bien hay partes con las que podría estar de acuerdo existen otras con las
que discrepo.1

Sólo sobreviven o dan cabida a la evolución los sistemas oportunistas.

Sobreviven los que son capaces de colaborar entre ellos. Así ha sucedido con las
sociedades humanas a lo largo del tiempo.

Como sería muy largo de explicar te dejo un libro que ahonda sobre esas
cuestiones:

El apoyo mutuo: un factor de evolución. Piotr Kropotkin.

Te dejo este fragmento de ese libro:

“Dos rasgos característicos de la vida animal de la Siberia Oriental y del Norte de Manchuria llamaron poderosamente mi atención durante los viajes que, en mi juventud, realicé por esas regiones del Asia Oriental.

Me llamó la atención, por una parte, la extraordinaria dureza de la lucha por la existencia que deben sostener la mayoría de las especies animales contra la naturaleza inclemente, así como la extinción de grandes cantidades de individuos, que ocurría periódicamente, en virtud de causas naturales, debido a lo cual se producía extraordinaria pobreza de vida y despoblación en la superficie de los vastos territorios donde realizaba yo mis investigaciones.

La otra particularidad era que, aun en aquellos pocos puntos aislados en donde la vida animal aparecía en abundancia, no encontré, a pesar de haber buscado empeñosamente sus rastros, aquella lucha cruel por los medios de subsistencia entre los animales pertenecientes a una misma especie que la mayoría de los darwinistas (aunque no siempre el mismo Darwin) consideraban como el rasgo predominante y característica de la lucha por la vida, y como la principal fuerza activa del desarrollo gradual en el mundo de los animales.

Por consiguiente, ya desde entonces comencé a abrigar serias dudas, que más tarde no hicieron sino confirmarse, respecto a esa terrible y supuesta lucha por el alimento y la vida dentro de los límites de una misma especie, que constituye un verdadero credo para la mayoría de los darwinistas. Exactamente del mismo modo comencé a dudar respecto a la influencia dominante que ejerce esta clase de lucha, según las suposiciones de los darwinistas, en el desarrollo de las nuevas especies.

[…] en todas estas escenas de la vida animal que se desarrollaba ante mis ojos, veía yo la ayuda y el apoyo mutuo llevado a tales proporciones que involuntariamente me hizo pensar, en la enorme importancia que debe tener en la economía de la naturaleza, para el mantenimiento de la existencia de cada especie, su conservación y su desarrollo futuro.”

Saludos,

c. »

Gracias por tu comentario, Corsaria.

Elijo responderte con el siguiente fragmento, extraído de los comentarios del artículo La Evolución Simbiótica: Innovación a través de Simbiosis (Sobre bacterias, Insectos Sociales y Ciclos Biogeoquímicos):

«Son múltiples los motores que impulsan la evolución biológica, la cooperación es uno de ellos; pero la cooperación no es más que la forma que han encontrado algunos organismos para COMPETIR más eficazmente con los demás, estableciendo alianzas que les reportan alguna ventaja adaptativa. La realidad es que la competencia es generalizada en la naturaleza, los seres vivos se encuentran inmersos en una lucha atroz de todos contra todos en la cual cada organismo trata por todos los medios de prevalecer sobre todos los demás; así, los seres vivos se devoran mutuamente provocándose sufrimientos horribles en una lucha que no tiene fin.»

Respecto a la última afirmación, debo añadir que la lucha por los recursos no tiene por qué ser directa. Puede ser pasiva: los que disponen de alguna ventaja adaptativa para un medio colman los mejores terrenos desplazando a los demás a regiones con menos recursos en los que se obtiene un menor rendimiento energético. Ése es el tipo de lucha que se da principalmente dentro de una especie. Y podría pensarse que esta lucha pasiva es igual de cruel, por lo arbitraria que resulta la aparición de estas ventajas competitivas. De todos modos el enfrentamiento físico directo también es una realidad habitual, que se materializa, por ejemplo, a la hora de establecer la jerarquía de los grupos en los animales gregarios o en la época de celo.

Pero la violencia es una constante en un mundo natural constituido por depredadores y presas.

Subjetivamente —como siempre—, creo que estamos ante el debate entre el cómo deseamos que un sistema esté diseñado y el cómo pensamos —muchas veces, a nuestro pesar— que realmente funciona (algo que puede traer muchos disgustos y propiciar malas interpretaciones en los intercambios de ideas).

Lo que quiero decir, es que yo no advierto cómo podría justificarse la existencia de los mecanismos de colaboración, si su origen no es la supervivencia del sistema más adaptado al escenario presente. ¿Qué impulso puede mover a una estructura biológica a facilitar el desarrollo de otras estructuras si ello no aumenta la probabilidad de su propia supervivencia, que es el objetivo último de toda criatura o entidad conocida?

Todo comportamiento dentro del universo debería, al menos, intuitivamente, disponer de un armazón lógico que, tomándolo por partes, permita discernir su origen o motivación mediante relaciones con el resto del sistema2, pues debe estar en concordancia con el resto del mismo y por tanto pueden derivarse de ello —todas las piezas deben encajar para que no existan contradicciones dentro de la definición del sistema y entonces éste pueda existir—. Estando así las cosas, hay que encontrar el origen de un comportamiento tan aparentemente altruista —una idea que cada vez más se me presenta como un absurdo, como una poderosa máscara de la realidad— como lo es la cooperación entre entidades:

Si la cooperación no otorga una ventaja a las entidades que forman la sociedad colaborativa, la asociación es un sinsentido porque ni siquiera el supuesto altruismo tiene cabida, pues al menos uno de los participantes no hace más que perjudicar al resto.

Si la colaboración otorga cualquier tipo de ventaja para alguno de sus N miembros y es indiferente para todos los [1, N-1] miembros restantes, entonces estamos hablando de mejora adaptativa; una mejora competitiva por los limitados recursos disponibles en cualquier medio.

El único caso conceptualmente interesante sería aquél en el que el bienestar o la capacidad competitiva generada por la sociedad colaborativa fuese exactamente igual al sumatorio de la de los individuos aislados para un mismo hábitat —y que al coexistir, los efectos mutuos sean equivalentes—, siempre que necesiten de los mismos recursos totales para desarrollarse en ambas configuraciones (en otro caso, una de las dos disposiciones es idéntica a la otra salvo por añadir una desventaja —ningún medio real puede disponer de todos los recursos necesarios de tal forma que su distribución pueda considerarse uniforme y ubicua en la densidad suficiente, equivalente, ya sea para individuos aislados o para asociaciones cooperativas; cualquier cambio infinitesimal desequilibraría la balanza a favor de una u otra propuesta—, algo que la eliminará finalmente del escenario en algún instante futuro). Si pudiésemos demostrar, no sobra decir que, inequívocamente, que tal asunto existe en alguna de las ramas biológicas, sería realmente sorprendente. Y lo es más aún si tenemos en cuenta que la gestión de la relación entre los elementos de un todo, requiere energía, por lo que en este caso el aumento de eficiencia generado por la asociación debe compensar dichos gastos de organización. Nótese que estoy considerando que varios organismos pueden entrar en competición entre ellos o asociarse para competir con terceros; no contemplo el caso de la indiferencia porque ello implicaría que no comparten fuentes de energía y que habitan en distintas capas del terreno; en ese caso los organismos, aunque relacionados por la cadena trófica, se ignoran pues no están en contacto directo. Mas la capacidad competitiva de un mecanismo no parece ser fácilmente cuantificable; sólo el hallar la cantidad de variables a tener en cuenta es un problema de difícil planteamiento, no hablemos ya de su solución (cualquier elemento que obviemos puede llevar a resultados extraordinariamente divergentes respecto a la realidad).

El problema radica en que las deliberaciones acerca de la motivación del comportamiento requieren del tipo de introspección cuya resolución está excepcionalmente relacionada con nuestra experiencia vital, que condiciona intensamente el modo en que orientamos nuestros razonamientos para llegar así a la meta anhelada por el inconsciente de cada uno. Como si usásemos la razón para construir sentencias y argumentos que desemboquen en una meta elegida a priori. Si nos parece muy obvia una conclusión es extremadamente difícil cambiar de parecer sin una demostración poderosa, bien rigurosa; lo suficiente como para cambiar toda la arquitectura de tu pensamiento hasta la fecha. La única forma de hacerlo debería ser matemática, para desprenderse así de las ambigüedades de un artículo o un breve ensayo, que siempre podrá ser atacado o en última instancia refutado, aprovechando la imprecisión y lo accesorio de toda justificación realizada con palabras «de propósito general». Pero eso es algo que no está a mi alcance.

1Una motivación más para estar aquí :)

2Tal vez esto no sea cierto para todos los casos, pero parece razonable que sí es cierto para todo proceso observable en la naturaleza; todo aquello que no sea una conjetura escrita en una pizarra.