«El Requiem de Fauré [que era agnóstico] no es como los demás. Su atmósfera no es trágica, doliente o lúgubre, sino de emociones predominantemente tranquilas; ejemplo de conciliación entre el individuo y la muerte, en vez de instigar el miedo pone su confianza en el descanso eterno con un halo de paganismo en términos de significación universal y no sólo católica.»
Fragmento, Ipromesisposi. Comprender La Diferencia En Lugar De Combatirla.
«El Requiem pasó inadvertido en el momento de su composición, causando gran entusiasmo cuarenta años después. El por qué de este fenómeno se puede atribuir a la estética que imperaba en esos años, la llamada "Belle Époque", en donde la exaltación sensual y la búsqueda de paraísos artificiales, parecía el principal objetivo de cualquier artista. En el gusto del público primaban los excesos y la sobrecarga decorativa, contrastando con el espíritu lineal del Réquiem, en el cual la abolición radical de cualquier atisbo de exceso expresivo tuvo que sonar extraña. [...]
"La música de Gounod ha sido criticada por su sobre inclinación hacia la ternura humana, pero su naturaleza le predispone a sentirlo de esa manera. [...] ¿No es necesario aceptar la naturaleza del artista? En cuanto a mi Réquiem, quizás también he querido yo escapar del pensamiento más habitual. Lo sé todo gracias al corazón. Yo quise escribir algo diferente."»
Fragmento, Refinando nuestros sentidos.
La imagen elegida es obra de Guillaume Seignac, contemporáneo de Fauré; The Jewel Case.