Partículas que saltan dentro y fuera de la «existencia»

«No se puede tener primero espacio y después cosas para poner en él, del mismo modo que no se puede tener primero una sonrisa y luego un gato de Cheshire en donde ésta encaje.»

Alfred North Whitehead

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«He refutes the idea that space is merely an empty arena where physical events take place. Instead, it views the “geometry” of space as the actual source of all physical structure. “Geometry bent one way here describes gravitation. Rippled another way somewhere else it manifests all the qualities of an electromagnetic wave. Excited at still another place, the magic material that is space shows itself as a particle. There is nothing that is foreign and “physical” immersed in space. Everything that is, is constructed out of geometry.”»

Fragmento, Second International Symposium on Non-Conventional Energy Technology

Max Richter: Memoryhouse

«La creación virtual de partícula y antipartícula significa que una partícula real está atada físicamente al campo (al entorno) y que nunca puede ser considerada como una entidad separada.

Mientras que en los campos clásicos de la gravitación y del electromagnetismo se piensa que una región del espacio tiene propiedades especiales que influencian el movimiento del cuerpo de prueba, y hablamos de la fuerza que un cuerpo experimenta y de su energía potencial en cada punto del campo —identificando necesariamente la fuente del mismo—, en los campos cuánticos es diferente. Independientemente de la fuente, los campos se encuentran presentes por todas partes. Se manifiestan en la creación y aniquilación de partículas elementales, tanto reales como virtuales.

Una partícula se ha de considerar teóricamente como una excitación del campo y, de ninguna manera, independiente de él

Fragmento, La imposible soledad de las partículas.

«La música comienza donde el habla es incapaz de expresar; la música está hecha para lo inexpresable».

Debussy

La vida de las palabras. Acerca de su emergencia y de la inutilidad del pensamiento.

Sólo en el desequilibrio es posible que parte del tejido del espacio degenere temporalmente en estructuras a las que nosotros asignamos la etiqueta de vivas.

Todo discurso o estructura argumentativa sólo es posible desde el momento en que se acepta dotar a las palabras de cierta vacuidad en su significado, de prescindir de la precisión en el lenguaje. Pues sólo desde la subjetividad, del rechazo parcial de la realidad externa —sea por interés o por inaccesibilidad; de forma consciente o inconsciente— es posible desear comunicar una opinión.

Y, tal vez, si dispusiéramos de toda la información acerca de el qué, el por qué y el cómo, veríamos fútil todo acto comunicativo, porque la contemplación de la totalidad nos llevaría, quizá, a la tolerancia más absoluta. O, en el peor de los casos, al ostracismo, al exilio; voluntario. Y la finalidad de todo acto comunicativo humano es, al final, la persuasión —aunque preferiría pensar por un momento que, con nuestros amigos, al menos, las intenciones no son reducibles a eso—. Además, a un nivel más fundamental se necesita cierta asimetría en la información o en la capacidad para procesarla para que tenga lugar una comunicación.

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La ignorancia o la falta de información —una asimetría, un desequilibrio energético—, al igual que la estupidez —hablando claramente—, es una fuente inagotable de entretenimiento. En cierto sentido, las ubicuas limitaciones humanas a nivel del individuo dejan de serlo para convertirse en la característica que permite la existencia de un tejido social. Lo que otorga al individuo un poder inmenso —y la puerta a la felicidad gracias al reconocimiento de la existencia de los demás— que, sin otro tipo de control más que el que el que esa supraestructura puede ejercer sobre sí misma, puede volverse contra las personas que la forman.

Ahora que vivimos en la cultura del ruido, de la información basura que sólo sirve para tenerte enganchado a un sistema de acción-recompensa cuna de vanidades, me pregunto qué sitio queda al pensamiento.

No hablo del estudio, el tedio, el aburrimiento o la soledad, tantas veces sinónimos; hablo del accesorio que más caracteriza a la persona además de lo principal, que son sus pasiones.

Me refiero, en un alarde estilístico, a la razón que dota al concepto de individuo de consistencia; cómo reconocerla, si su existencia como ideal —muchas veces por desgracia— es útil —esto es, si nos hace felices a nosotros y a los demás—, o si lo más deseable e inteligente hubiera sido, si se nos hubiera dado a elegir, desterrarla cuanto antes de nuestras vidas.

Imagen: 226, © Mario Pućić.

Cuando aún no existías

«Es víctima del autoengaño, aunque en cierta medida todos tenemos esa virtud. Cada uno es la creación imaginaria de sí mismo. Si fuésemos capaces de ver lo que somos en realidad, la vida sería insoportable. Por lo tanto yo diría que el hombre más cuerdo es aquél que más firmemente se da cuenta del trágico aislamiento de la humanidad y busca con calma su objetivo esencial.»

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«—¿De qué va el libro?

—Va sobre un tipo que llega a Nueva York y se siente más en casa… que en su casa. Y eso, eso es todo…

—Y luego, ¿qué pasa?

—Nada.

—¿Nada?

—Se enamora de una mujer que es… misteriosa, misteriosa para él, tanto como la ciudad. Y la quiere, la quiere.

—¿Y?

—Va sobre cómo el tipo deambula por la ciudad caminando y escuchando a la gente… y conoce a gente muy diversa; cada persona representa una parte diferente de la ciudad que va encontrando. Bueno, hay que decir que había sido creyente anteriormente pero ya no es creyente, aunque sigue viendo las cosas desde el punto de vista religioso. Para él, la ciudad se convierte en una especie de infierno.

—Así que la odia…

—No no, no, ¡la adora!. Pero sólo es… pasear por la ciudad y escuchar a los demás… y… la ciudad está tan repleta, ¿sabe…? y la gente… él solamente… anda buscando…

—¿Qué anda buscando exactamente?

—No lo sé. ¡Él no lo sabe!. Sólo son las líneas generales.

—¿Cuánto lleva escrito?

—No mucho, sólo ha estado tomando unas notas.»

If less is more, maybe nothing is everything

«Para que una obra se convierta en objeto de contemplación ha de poseer la propiedad de la transparencia, es decir, ha de lograr que la mirada del espectador no se detenga en ella sino que la atraviese, llevando esa mirada más allá del límite físico definido por la propia obra. La transparencia así entendida no sólo se opone a la opacidad y la impenetrabilidad, sino también al exceso de forma y a la retórica del significado, o sea, a todo aquello que tienda a enmarañar y obstaculizar el logro de esa dimensión cristalina, abierta y luminosa que constituye el requisito básico de la contemplación. De este modo, la transparencia se aproxima a ciertas formas de silencio. Ya que el silencio puede ser transparente, transitivo, haciendo que la obra se proyecte hacia otras dimensiones de la realidad que no están propiamente contenidas en ella. […]

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Un trabajo basado en la omisión, en la renuncia, guiada sin vacilaciones por el principio de economía espiritual, según el cual hay que estar siempre dispuesto a desprenderse de todo lo que no resista la prueba de la necesidad. Sólo así, parece susurrarnos Mies van der Rohe, es posible aspirar a la epifanía de lo trascendente. Este es, quizá, el sentido profundo del aforismo less is more

Fragmento, Silencios Elocuentes. Carlos Martí Arís.

Imagen: Backlighted Web, © Ursula Sander.