«Es víctima del autoengaño, aunque en cierta medida todos tenemos esa virtud. Cada uno es la creación imaginaria de sí mismo. Si fuésemos capaces de ver lo que somos en realidad, la vida sería insoportable. Por lo tanto yo diría que el hombre más cuerdo es aquél que más firmemente se da cuenta del trágico aislamiento de la humanidad y busca con calma su objetivo esencial.»
«—¿De qué va el libro?
—Va sobre un tipo que llega a Nueva York y se siente más en casa... que en su casa. Y eso, eso es todo…
—Y luego, ¿qué pasa?
—Nada.
—¿Nada?
—Se enamora de una mujer que es… misteriosa, misteriosa para él, tanto como la ciudad. Y la quiere, la quiere.
—¿Y?
—Va sobre cómo el tipo deambula por la ciudad caminando y escuchando a la gente… y conoce a gente muy diversa; cada persona representa una parte diferente de la ciudad que va encontrando. Bueno, hay que decir que había sido creyente anteriormente pero ya no es creyente, aunque sigue viendo las cosas desde el punto de vista religioso. Para él, la ciudad se convierte en una especie de infierno.
—Así que la odia...
—No no, no, ¡la adora!. Pero sólo es… pasear por la ciudad y escuchar a los demás… y… la ciudad está tan repleta, ¿sabe…? y la gente... él solamente... anda buscando...
—¿Qué anda buscando exactamente?
—No lo sé. ¡Él no lo sabe!. Sólo son las líneas generales.
—¿Cuánto lleva escrito?
—No mucho, sólo ha estado tomando unas notas.»