«Para que una obra se convierta en objeto de contemplación ha de poseer la propiedad de la transparencia, es decir, ha de lograr que la mirada del espectador no se detenga en ella sino que la atraviese, llevando esa mirada más allá del límite físico definido por la propia obra. La transparencia así entendida no sólo se opone a la opacidad y la impenetrabilidad, sino también al exceso de forma y a la retórica del significado, o sea, a todo aquello que tienda a enmarañar y obstaculizar el logro de esa dimensión cristalina, abierta y luminosa que constituye el requisito básico de la contemplación. De este modo, la transparencia se aproxima a ciertas formas de silencio. Ya que el silencio puede ser transparente, transitivo, haciendo que la obra se proyecte hacia otras dimensiones de la realidad que no están propiamente contenidas en ella. [...]
Un trabajo basado en la omisión, en la renuncia, guiada sin vacilaciones por el principio de economía espiritual, según el cual hay que estar siempre dispuesto a desprenderse de todo lo que no resista la prueba de la necesidad. Sólo así, parece susurrarnos Mies van der Rohe, es posible aspirar a la epifanía de lo trascendente. Este es, quizá, el sentido profundo del aforismo less is more.»
Fragmento, Silencios Elocuentes. Carlos Martí Arís.
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