«Había dos caminos para los escritos teológicos: uno que sonsacaba la naturaleza de la nada de la que habría brotado la creación; otro que acentuaba la vaciedad y el carácter efímero de todas las cosas temporales. Ambos se orientaban a refutar la herejía de que el mundo había sido creado a partir de materia preexistente, más que a partir de La Nada. El primer camino fue dominio exclusivo de serios tratados teológicos, mientras que el segundo fue la sustancia de poetas metafísicos que trataban de demostrar la nada de la vida cuando se veía en el esquema cósmico de las cosas.
Es importante reconocer que, aunque la doctrina cristiana incluía la noción de creación a partir de nada —creatio ex nihilo—, no incluía la idea de que la creación fuera causada por nada. Según dicha doctrina, la causa de la creación es "Dios", y no alguna propiedad latente del vacío. "Dios existe siempre pero el universo simplemente carece de una causa propia para iniciar su estructura".
Tomás de Aquino argumentaba que si no hay absolutamente nada —ningún universo, ningún Dios, ningún ser en absoluto— entonces nada puede aparecer. Pues para causarse a sí mismo, un ser tendría que existir para darse a sí mismo existencia, y esto, afirma él, es absurdo. De modo que si nada absolutamente existía en el pasado, nada existe ahora.»
Fragmentos, El libro de La Nada. John D. Barrow.
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