«El capitalismo, como [el resto de] La Naturaleza, aborrece los gradientes. En su libro The Wealth of Nations, Adam Smith hablaba del terrible poder de la mano invisible de la economía. Según Smith, la persecución del provecho individual en un mercado libre conduce a una eficiencia general. Las economías se benefician de los individuos y de las corporaciones que reducen gradientes de oferta-demanda.
El comercio global es parte de la termodinámica biológica. [...] Con el paso del tiempo, cada vez más energía, circulando en ciclos cada vez mayores y más complejos, es reclutada por los sistemas abiertos que llamamos vida. [...] El consumismo y la economización (el incremento de los flujos económicos y el decrecimiento de los precios) son ejemplos de procesos de reducción de gradientes que obedecen una lógica termodinámica.
Los seres humanos, como todas las formas de vida, forman parte de redes ecológicas. [...] En tiempos de escasez de energía [la energía, o más correctamente, los desequilibrios energéticos, siempre son escasos desde el momento en que existe competencia por ellos], es más probable que surjan jerarquías represivas y conformistas, tan objetables moralmente como efectivas en la asignación de recursos limitados.
Tales jerarquías, marcadas por el liderazgo maquiavélico, el control vertical y hasta el sacrificio de los «inadaptados» parecen la encarnación del mal. Sin embargo, desde una perspectiva termodinámica, son naturales [una justificación científica para una tragedia moral siempre suena pretencioso; asqueroso].
Organismos como Dictyostelium discoideum comienzan su vida como amebas individuales que ondean sus pseudópodos en busca de bacterias. Pero cuando su alimento se termina, experimentan una transformación social termodinámicamente mediada cuyo resultado es un organismo de nivel superior. Las amebas se agregan en una masa gelatinosa que se desplaza colectivamente. El colectivo sacrifica a algunos de sus miembros para formar un cuerpo integrado mayor, que se erige como un tallo tembloroso.
¿Pueden comportarse nuestras ciudades respecto de sus habitantes como esas supraestructuras respecto de las amebas individuales? Ningún organismo está aislado, todos están termodinámicamente conectados. Lo que vemos como un "individuo indisociable" puede descomponerse e integrarse en un colectivo. Sus genes y células pueden ser asumidos por sistemas de flujo mayores. Los flujos de energía reconducidos pueden imponer severas presiones sobre los individuos que dependen de ellos. En el caso humano, esto tiene repercusiones políticas desagradables. La construcción de organizaciones colectivas dictatoriales o mercantilistas conlleva la destrucción de las libertades individuales.
La vida es un sistema termodinámico complejo; no un paradigma de la virtud. Los orígenes de la tendencia a conformarse y a pertenecer a un colectivo, a someterse e integrarse en una totalidad mayor, van más allá del totalitarismo o la ideología humana, y se adentran en las raíces energéticas de los sistemas biológicos.»
Fragmentos —con alguna (muy) ligera adaptación—. Lo que está entre corchetes es cosecha propia. La termodinámica de la vida. Eric D. Schneider y Dorion Sagan.
A modo de pobre nota final: el título del post es discutible —qué cosa no lo es—. La misma sociedad es la que modela y controla al individuo que la constituye, para servirse de él —el motivo de su propia existencia, queda planteado como ejercicio al lector—. A través de los diversos circos sociales, mediáticos y educativos, las actitudes útiles para cada nivel de la supraestructura social se ven reforzadas. Nuestros gustos —y tal vez nuestra moral, nuestras verdades evidentes— son imposiciones retroalimentadas. Incluso toda actitud reaccionaria necesita de un sistema represor donde crecer; el motor de una causalidad que la origine. Podría decirse que nuestra potencial disconformidad está planificada por el sistema social para permitir su perpetuación. Si este post te gusta o te parece un rollo, la elección la has realizado bajo unos parámetros condicionados; al igual que hice yo cuando tomé, en su día, la decisión de publicarlo.
La imagen es una vista de Madrid, cortesía de Google Maps. Centrada en la estación de Atocha.