Si hay algo difícil de comprender es la idea de movimiento, o, en general, de cambio. No me refiero a encontrar patrones más o menos recurrentes y precisos en La Naturaleza, sino a la necesidad de su existencia.
¿Fluye el espacio alrededor de los objetos cuando estos se desplazan, como parece hacerlo el agua alrededor del casco de un navío, o es el propio espacio el que reconfigura su geometría a cada instante, generando así el teatro de la vida?
«La afirmación de que algo cambia supone el reconocimiento de que ahora "es" algo que "no era" antes, lo que resultaría contradictorio y, por lo tanto, inaceptable. La afirmación del cambio supone la aceptación de este paso del "ser" "al "no ser" o viceversa, pero este paso es imposible, puesto que el "no ser" no es. [...]
El ser es entero, es decir no puede ser divisible, lo que excluye la multiplicidad. Para admitir la división del ser tendríamos que reconocer la existencia del vacío, es decir, del no ser, lo cual es imposible. ¿Qué separaría esas "divisiones" del ser? La nada es imposible pensarlo, pues no existe; y si fuera algún tipo de ser, entonces no habría división. La continuidad de del ser se impone necesariamente, y con ello su unidad. Igualmente, ha de ser limitado, es decir, mantenerse dentro de unos límites que lo encierran por todos lados.
El ser es inmóvil, pues, por lo visto anteriormente, queda claro que no puede llegar a ser, ni perecer, ni cambiar de lugar —para lo que sería necesario afirmar la existencia del no ser, del vacío, lo cual resulta contradictorio—. Tampoco puede ser mayor por una parte que por otra, ni haber más ser en una parte que en otra, por lo que Parménides termina representándolo como una esfera en la que el ser se encuentra igualmente distribuido por doquier, permaneciendo idéntico a sí mismo.»
Fragmentos, Vida y obras de Parménides de Elea.