Habitación en Nueva York, 1932

«Por mucho que la vida suceda en la exterioridad, no puede dejar de ocurrir en la conciencia al mismo tiempo. Las criaturas de Hopper son personajes abismados en su conciencia, volcados hacia lo que empieza detrás de la piel. No son menos aventureros que cualquier otros personaje de la historia de la pintura, o de la historia de la narrativa; pero lo son de una manera especial. Su aventura es interior, de puertas para adentro de sí mismos. Son nómadas sorprendidos en un instante sedentario.

Hopper room in new york 1932

Y ese instante dice más de su persona que todos los itinerarios habidos y por haber, más que todo el movimiento que les depare el futuro. Los acontecimientos interiores de los personajes de Hopper nos resultan a la vez transparentes y difusos.

Quiero decir que, en su insinuación, se muestran sencillos de entender, sin que los entendamos del todo, sin que se traduzcan de una manera obvia. Sus mujeres desnudas o en camisón que miran por las ventanas abiertas podrían ser cualquier cosa, pero entendemos que pertenecen a la anónima multitud urbana.

Hombres y mujeres de paso, en estancias vacías, de paso por las ciudades, de paso por el mundo, de paso por sus vidas, camino quién sabe de dónde. Pocos pintores contemporáneos han sabido mostrar la transitoriedad de la vida humana con tanto recato, y, a la vez, con tanta firmeza. Sus escenarios, tan poco poblados, nos hablan del espacio como del único superviviente cuando las personas que los habitan desaparecen de la escena.»

Fragmento (ligera adaptación), Carlos Marzal. Para tocar lo intangible. Escenas de Edward Hopper. Descubrir el Arte, número 159. Mayo de 2012.

La insoportable levedad del ser

«No sé qué habría respondido Lucio Fontana (1899-1968) si le hubiesen preguntado que de dónde era. Quizás habría dicho que era de Argentina, pero que pasó gran parte de su vida en Italia. Tal vez contestaría que era de Italia, pero que nació en Argentina. O a lo mejor diría que él era únicamente una forma en el espacio.»

Fragmento: Lucio Fontana y el Espacialismo..

Lucio fontana

«El mito del eterno retorno viene a decir que una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan. No es necesario que los tengamos en cuenta, igual que una guerra entre dos Estados africanos en el siglo catorce que no cambió en nada la faz de la tierra, aunque en ella murieran, en medio de indecibles padecimientos, trescientos mil negros.

¿Cambia en algo la guerra entre dos Estados africanos si se repite incontables veces en un eterno retorno?

Cambia: se convierte en un bloque que sobresale y perdura, y su estupidez será irreparable.

Si la Revolución francesa tuviera que repetirse eternamente, la historiografía francesa estaría menos orgullosa de Robespierre. Pero dado que habla de algo que ya no volverá a ocurrir, los años sangrientos se convierten en meras palabras, en teorías, en discusiones, se vuelven más ligeros que una pluma, no dan miedo. Hay una diferencia infinita entre el Robespierre que apareció sólo una vez en la historia y un Robespierre que volviera eternamente a cortarle la cabeza a los franceses.

Digamos, por tanto, que la idea del eterno retorno significa cierta perspectiva desde la cual las cosas aparecen de un modo distinto a como las conocemos: aparecen sin la circunstancia atenuante de su fugacidad. Esta circunstancia atenuante es la que nos impide pronunciar condena alguna. ¿Cómo es posible condenar algo fugaz? El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia; todo, incluida la guillotina.

[…]

Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. […]

Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.

¿Pero es de verdad terrible el peso, y maravillosa la levedad?

La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será.

Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes.

Entonces, ¿qué hemos de elegir? ¿El peso o la levedad?

[…]

Lo que sólo ocurre una vez es como si no hubiera ocurrido. La historia de los checos no se repetirá por segunda vez, la de Europa tampoco. La historia de los checos y la de Europa son dos bocetos dibujados por la fatal inexperiencia de la humanidad. La historia es igual de leve que una vida humana singular, insoportablemente leve, leve como una pluma, como el polvo que flota, como aquello que mañana ya no existirá. Tomás se acordó una vez más, con cierta nostalgia, casi con amor, del alto y encorvado redactor. Aquel hombre actuaba como si la historia no fuese sólo un boceto, sino un cuadro terminado. Actuaba como si todo lo que hacía tuviera que repetirse incontables veces en un eterno retorno y como si estuviera seguro de que nunca dudaría de lo que había hecho.

Estaba convencido de que tenía razón y no creía que eso fuera un síntoma de limitación mental, sino un signo de virtud. Aquel hombre vivía en una historia distinta de la de Tomás: en una historia que no era un boceto. O que no sabía que lo era.»

Fragmentos: Milan Kundera. La insoportable levedad del ser. El eterno retorno.