Corren tiempos para dudar de todo

«Corren tiempos para dudar de todo: del Estado, del capitalismo, de las ideologías partidarias, del sindicalismo (no de todo él, siempre quedarán los anarquistas), del matrimonio (donde esté el amor libre, que se quite el reglado). Debemos dudar incluso de la democracia. Y nos referimos no solamente a la falsa democracia actual, sino a su posible sustituto futuro, pues siempre se tratará de democracia burguesa no asamblearia.

Self sufficient gardener john seymour el horticultor autosuficiente

No debemos conceder a un rebaño lobotomizado por la televisión el derecho de decidir nuestro destino personal.

Cualquier problema complejo, como es el de la supervivencia, debe estudiarse sin prejuicios, partiendo de cero. Pues todo lo que nos han enseñado hasta ahora es mentira. De lo único que no debemos dudar es de la infinita capacidad del ser humano para resolver cualquier problema, si un número suficiente de cerebros realmente interesados en hallar la solución se ponen a ello.

Nadie con dos dedos de frente lo ignora ya: Los consejos de administración de los bancos son asociaciones mafiosas protegidas legalmente por sus estados respectivos y sus parlamentos de delincuentes copados por el bipartidismo organizado.

El mundo basado en el dinero, tal y como lo conocemos, está liquidado, pero morirá matando.

Creer que el dinero es un objetivo social, en vez de un medio de intercambio, ya no sirve más. Y no porque ahora mismo sea el dinero escaso, que lo es y mucho. Si ese fuera el problema, quizás acratas.net invitaría a sus lectores a trabajar más duro para conseguir ganar más. No lo hace porque muy pronto el dinero no valdrá nada

«La ciencia está casi a un tris de conseguir que la nanotecnología permita la fotosíntesis artificial pura que hará totalmente rentable la generación por hidrólisis de hidrógeno en modo distribuido. Estamos en el amanecer de que la energía deje de ser piramidal, y se cree un internet de los watios, distribuido, participativo…

Nuevos modelos de dinero se definen, se ponen en marcha y se demuestran mejores e imbatibles, sin propietarios ni controladores.»

Fragmentos y comentarios, Decálogo acrático para la supervivencia.

Imagen: New Self-Sufficient Gardener. John Seymour.

«En las madrugadas del Londres victoriano, la ciudad dormía su particular siesta. La lluvia y la niebla inundaban las aceras, y los farolillos se echaban a temblar. Los establecimientos públicos cerraban, pero algunos hombres insomnes ya abarrotaban las tabernas. De sus paredes, no saldrían las únicas carcajadas de la noche.

Un poco más lejos, a las afueras de la urbe, varios cocheros abandonaban a su suerte a extraños individuos a la entrada de una callejuela en sombras. Uno de ellos se dirige al muelle, donde llama a la puerta de una pequeña casa oculta entre las fábricas. Dentro, recostados sobre los brazos, ve a otros que, como él, habían decidido “comprar el olvido y destruir el recuerdo de los antiguos pecados con el frenesí de los recién conocidos”.

Fumadero de opio en Singapur 1941

Así describió el escritor británico Oscar Wilde los fumaderos de opio, esos lugares tan fascinantes como inhóspitos, en los que se podían ver “mugrientos colchones, bocas abiertas, miradas perdidas y ojos vidriosos”. Antros espantosos de olvido y perdición, sueños y vigilias, enfermeras compasivas y alucinaciones. En ellos, abunda el compuesto del láudano -una especie de jarabe fabricado a base de vino y opio, entre otros componentes-, las prostitutas de segunda, y los vasos de absenta y brandy derramados por el suelo.»

Fragmento. Un pasaporte hacia el olvido. Jesús Centeno.

Imagen: Fumadero de opio en Singapur, 1941.