Archivos de la categoría Arte y nuevas tecnologías

La seducción del silencio

«En sí mismo el silencio no puede ser expresado. Insondable ontológicamente, insoportable antropológicamente, como el timbre inaudible de la nuda existencia, nos servimos de símbolos para referirnos a él. La música es sólo uno de estos símbolos.»

Carlos Areán Laso

«Through the years, I developed the need to minimize the music patterns and to explore the embodiment of 2,3 or more sound sources.
This process allows sources to exchange characteristics in order to create a new “sound stream”. As a result those new “sound streams” are richer in harmonics than any of the original sounds separately.

At same time I let them interact with each other as freely as possible, by minimizing the control over the piece. Once this is achieved, and set in motion, the work has a life of it’s own, and I am there to capture the moment.»

Perfused, Fluxion

Giant causeway

«La materialidad que tenemos en la partitura son signos, grafías, manchas de tinta y no sonidos. Es en la sociedad donde se produce la obra musical. Es allí donde se determina qué parte de la sensación acústica es sonido y qué parte corresponde al ruido.

La obra no está terminada en sí misma, sino que supone toda una red de relaciones significantes con su contexto.
La coseidad (Dingheit) de la obra de arte no puede reposar en la partitura, si bien, en cuanto programa de ejecución, la partitura contiene datos muy útiles para producir señales acústicas pertinentes, es decir, sonidos.
La partitura puede presidir una grabación fonográfica de la pieza musical. Ambos entes serán entonces ocurrencias concretas de la misma cosa: la pieza musical “Cuarteto de Beethoven”. La materialidad de ambas ocurrencias será diferente y sin embargo similar y sus auditores dirán, con razón o no, que están percibiendo “el Cuarteto de Beethoven”, sin importar que estén viendo la partitura o estén escuchando una grabación. Ambas ocurrencias tendrán entonces trazos distintivos similares, que remiten a un segundo ente, cuya presencia no siempre se nota: la pieza musical.

Cuando hablemos del “Cuarteto de Beethoven” del ejemplo estaremos tratando de algo que reúne materialidades diferentes, de una cosa que remite a otras cosas, por la presencia de trazos distintivos comunes. Por ejemplo, ambas ocurrencias, la grabación y la partitura, contendrán el mismo número de notas y de duración similar, así como sus silencios y alturas relativas. Esos trazos serán la materialidad de la pieza musical, pero de todas formas la obra de arte musical como alegoría y símbolo no puede estar o residir sólo en esa materialidad.

Sabemos que la partitura y la grabación representan o remiten a ese segundo ente que, de todas formas, no puede ser considerado sólo como un modelo abstracto, pues la coseidad de sus trazos distintivos se verifica en ambas ocurrencias concretas. Ambas ocurrencias remiten a un ente unitario, la pieza musical, perceptible a través de la materialidad de sus trazos distintivos presentes en ambas ocurrencias.

Podemos pensar que la pieza musical, si bien es un ente perceptible y distinto de otros entes de la misma especie (por ejemplo, otras piezas musicales del mismo autor), depende a su vez de una verdad, de una coherencia que se transmite a través de esos trazos, pero no sólo, sino que, además, a través de todos aquellos trazos del contexto de su actuación y que no conforman el ente “pieza musical”, sino la relación de éste con su devenir. […]

La presencia misma de la pieza musical hace que el devenir de la vida, el fluir de aquella cosa indefinible que llamamos tiempo, se nos haga evidente: “El tiempo es el pasar de lo pasajero… El tiempo permanece en cuanto pasa…”. Tiempo que puede aparecer, gracias a la materialidad revelada en la música en cuanto arte, en toda su consistencia y movimiento. […]

Cuando un músico o un auditor experto pregunta por la obra musical, claramente no se interesa sólo por trazos más o menos dimensionales sino por el conjunto de ellos y su sentido, por su carácter alegórico y simbólico. Es lo que en análisis musical se llama el sentido de la obra. Lo que está allí pudiendo no estar. […]

Jamás estaremos ciertos del límite de la obra o de poder asumir la entera dimensión de la misma. El devenir del ente se nos sustrae, apareciendo para iluminar aquí y allá aspectos de una verdad que nos remite a la vida.»

Transformación de un fragmento del texto La obra de arte musical: hacia una ontología de la música, de Jorge Martínez Ulloa.

Imagen: Swerve, © Rohan Reilly

Consciencia y creatividad

¿Es la creatividad la mayor prueba de consciencia?

El reconocimiento tácito en el otro de una sensibilidad especial parece garantía más que suficiente de que esa persona no va a hacernos daño, de que podemos confiar en ella.

A las personas creativas se les atribuye un mayor grado de sensibilidad (o, al menos, yo lo hago), lo que, parece razonable pensar, es propio de mentes con un grado más elevado de consciencia; las personas que a largo plazo vale la pena conocer, las relaciones que merecen ser mimadas.

Pensando sobre éste y otros temas se me ocurrió escribir el presente artículo, con un enfoque más o menos apropiado y caótico; acorde con el estilo habitual. ¿Qué es la creatividad?

¿Puede programarse la creatividad?

Existe una fuerte relación entre esta última pregunta y el contenido del último artículo publicado en este sitio web: La Jaula Fantástica: la vida en la caja negra, donde se comenta cómo un conjunto de reglas «sencillas» aparentemente genera —¿contienen la misma información?— comportamientos complicados o complejos; comportamientos difíciles de predecir si nos limitamos a observar la historia del juego pero sin haber dilucidado aún las reglas que lo rigen.

En cualquier caso es difícil responder tales preguntas cuando no disponemos de una definición formal e inapelable de los términos que se pretenden relacionar, una definición que pueda ser compartida, y sólo accedemos a un conocimiento intuitivo; el origen de los conflictos.

Respecto a si es la creatividad la mayor prueba de consciencia, es tentador pensar que así debe ser, entre otras consideraciones porque la consciencia parece, al menos, la antítesis del determinismo, y el determinismo también parece, al menos en la superficie, un antónimo de la creatividad. La creatividad parece sinónimo de libertad de pensamiento. Sin embargo, tal vez determinismo y creatividad vayan de la mano y la cuestión de si una persona o un procedimiento es creativo sea reducible a preguntar cómo de impredecible es su comportamiento determinista por las entidades adyacentes, porque la creatividad es indisociable del contexto.

¿Se puede programar el arte?, ¿no atenta contra su propia definición?

Según el diccionario de la Real Academia Española en su 22ª edición, la acepción de nuestro interés es la que sigue:

«Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.»

Lo que, fuera de este post, equivale a no decir nada; cualquier obra humana pudiera ser considerarada como arte bajo estas disposiciones, y los atributos de humana, personal y desinterés, así como la distinción entre real e imaginado son todos puntos vagamente justificables. Con anterioridad también se publicó aquí el texto: ¿Qué es El Arte?. la distancia entre el arte y la vida, donde se divaga un poco sobre estas consideraciones, con más o menos éxito.

Hunt-of-the-Unicorn-470.jpg

Veamos ahora la importancia de la intención, de la motivación, en el concepto de creatividad:

«Actualmente gracias a la potencia de cálculo de nuestros ordenadores se han conseguido millones de sus decimales. Teóricamente tiene infinitos decimales y deben estar situados de forma completamente aleatoria, de manera que al cabo de miles de millones de trillones de decimales que busquemos podremos encontrar cualquier combinación, que convenientemente codificada podría contener: El Quijote, Romeo y Julieta, la Biblia o este propio escrito.»

Fragmento: La bella teoría: La información, el azar y el número Pi.

Es curioso que todas las obras humanas puedan ser descritas como un puntero sobre la forma siguiente:

pi-calculation.png

Aunque no lo es tanto si vemos que el único motivo de la inclusión de esta fórmula es disponer de un medio que garantice la distribución uniforme de las cifras. Para el que no esté familiarizado con la notación, esto de aquí arriba es la descripción de una suma de infinitos términos que en este caso da como resultado un número de infinitas cifras: el inverso del número Pi. Debido a la distribución de dichas cifras, se puede encontrar una secuencia de ellas en el resultado de esa suma que, bajo algún tipo de codificación (un esquema de correspondencias como pudiera ser la misma tabla ASCII), permite representar cualquier texto. Pero un texto obviamente también puede ser una descripción de una obra punto a punto independientemente del soporte material. Y vemos que la elección de la tabla de correspondencias tampoco es importante porque en conjunto no altera el resultado (sólo las posiciones relativas de las decodificaciones) y no es la clave de la intencionalidad.

Así que mediante un algoritmo, una secuencia de pasos bien definida, se puede construir lo que nosotros consideramos como obras de arte, en los diversos campos: fotografía, cine, literatura, música, pintura, escultura, programación, matemáticas,… aunque evidentemente la información esté ofuscada y no relacionada con otro contexto; tal vez ésto sea la representación de la, suponemos, falta de una intencionalidad relacionada con el resultado, de motivación… por parte del procedimiento de cálculo.

¿Generar obras por fuerza bruta —disponiendo si así se quiere de un hipotético mecanismo automatizado con capacidad de interpretación semántica actuando como filtro— puede ser considerado como un proceso creativo? ¿Hasta qué punto difiere del proceso creativo de una persona, dejando aparte consideraciones sobre el pésimo rendimiento o refinamiento que pudiera tener tal clase de implementación?

Para finalizar, me he encontrado con otro post interesante en Computación creativa y otros sueños:

«Pareciera que cuando la tecnología invade el terreno de la creación el arte se deshumaniza, y éste no es más que un problema de la psicología humana, porque si desconocemos la manipulación no apreciamos esta deshumanización ya que el objeto creado es el que es, sea producto de un humano, de una máquina o de ambos. Quizá esto sucede porque el espectador aprecia la intencionalidad, que sabe que, a día de hoy, no existe en la máquina, y la presupone en el humano.

Sin embargo, hay un punto al que apenas llegan las ayudas técnicas. La reproducción, a día de hoy, es trivial para una máquina, pero aún no la improvisación, que implica una toma de decisiones en tiempo real, y que es la parte más difícilmente explicable de la creación. Seguramente eso también se andará, y entonces será imposible distinguir si la creación es del hombre o de la máquina. Ese día aceptaremos a las máquinas o rechazaremos el arte.

Fragmento, La frontera entre el hombre y la máquina como creadores.

La creatividad ante todo parece que debiera ser la respuesta a una poderosa pulsión. No parece fácilmente reducible a una colección de inputs y outputs físicos. Tal vez soy demasiado reduccionista en mis enfoques y eso no permite avanzar en el razonamiento, quedándonos así en poco más que una descripción de la situación. Así que, continuará…

Imagen: The Hunt of the Unicorn.

¿Qué es el arte?. La distancia entre el arte y la vida.

La obra anónima, cerrada y completa, es arte. En otro caso, es una manifestación más de la industria del beneficio —siempre— biológico: directa e inmediatamente económico o socialmente económico —lo mismo pero a medio/largo plazo, inversionista, que puede ser aún más «poderoso»—. En última instancia, el creador busca el aplauso, o, al menos, el comentario; la naturaleza de éste no importa demasiado, lo prioritario es la visibilidad. Se trata de reafirmar la identidad y de propagarse como un virus en la mente de las masas —en el mejor de los casos— o del círculo social más próximo e influyente en su porvenir. Para lograr su objetivo dispone de varias opciones no excluyentes: la excentricidad, la polémica, un dominio excepcional de la técnica… la originalidad se le supone.

Lo que normalmente se entiende por arte no es entonces la expresión desinteresada de los más profundos sentimientos, sino una herramienta más al servicio de la supervivencia, y una consecuencia fruto de la evolución de la vida en la tierra. El arte, en todos los campos, aparece entonces como un concepto «vulgar» y «corrupto» cuando se prescinde de toda idealización.

Sin tener que desentenderse de éstas, la única obra de arte es la naturaleza, pues no parece tener una finalidad, como sistema cerrado y autosuficiente que es. Las acciones humanas no son más que subconjuntos suyos y no participan de esas idealizaciones —estas acciones tienen una finalidad, la de relacionar elementos de ese subconjunto— y responden siempre a una necesidad vital impuesta por ésa naturaleza.

Si ningún acto de creación que responda a una necesidad puede ser considerado como arte, si sólo la expresión desinteresada de una idea o un sentimiento puede ser arte, y éstos siempre son respuestas de los seres vivos ante el entorno, ¿qué nos queda?.

«Expectante, ¿Todavía no se han enterado de que existo? y, mientras se esfuerza en pensar que lo único importante era su obra, en su fuero interno estar diciendo: ¡Quiero tener un Nombre, maldita sea!.

Y finalmente ser el elegido. Cuando dos observadores del MOMA iban a recorrer los estudios de los pintores de Saint Mark´s Place se oía un rumor que recorría el barrio: ¡Llévame contigo, llévame contigo…!

Lo que obtiene el elegido es bastante obvio. Lo que Freud (según Wolfe) considera las ambiciones máximas del artista: fama, dinero y amantes hermosas [/hermosos].
El elegido seguirá ejerciendo de antiburgués, pero compensará al burgués que lo eligió con una moderna redención del Pecado de Opulencia. Por eso los coleccionistas de hoy en día no solo buscan la compañía de los artistas que patrocinan, sino que también quieren mezclarse en sus vidas, pagarles juergas y entrar en sus círculos.
Ahí el artista entra en la fase de Consumación y su apariencia lo delata.»

Fragmento, Arte y artistas modernos.

Paisajes nocturnos en time-lapse

Timelapse: Nightscapes from Tom @ Timescapes on Vimeo.

Hace tiempo expusimos por aquí un trabajo representativo del concepto stop-motion, cosa ligeramente distinta al time-lapse, como bien explican en XatacaFoto: «A diferencia del time-lapse, en el stop-motion el movimiento se reproduce habitualmente a una velocidad normal, mientras que el time-lapse condensa en pocos segundos acciones que pueden tardar mucho tiempo en desarrollarse.»

Por supuesto existen una infinidad de vídeos e información sobre el tema; su búsqueda queda planteada como ejercicio al lector. A cuenta de…