Archivos de la categoría Libros

La balsa de la Medusa

«Dostoyevski ha escrito: «Si Dios no existe, todo está permitido». […] Efectivamente todo es lícito si Dios no existe, y como consecuencia el hombre está «abandonado» porque no encuentra en sí ni fuera de sí la posibilidad de anclarse. Y sobre todo no encuentra excusas. […] no encontramos frente a nosotros valores u órdenes que puedan legitimar nuestra conducta. Así, no tenemos ni por detrás ni por delante, en el luminoso reino de los valores, justificaciones o excusas. Estamos solos, sin excusas. […]El hombre, sin apoyo ni ayuda, está condenado en todo momento a inventar al hombre.»

JEAN LOUIS THEODORE GERICAULT La Balsa de la Medusa Museo del Louvre 1818 19 large

«Me representaba de modo muy claro que la vida y el mundo no dependían más que de mí. En realidad, hasta podía decirse, en aquel momento, que el mundo no había sido creado más que para mí. […] Y puede suceder que, en efecto, nada exista para nadie después de mí y que el mundo entero, una vez que se haya abolido mi consciencia, se desvanezca como un fantasma, puesto que no es más que el objeto de mi consciencia, y que se aniquile, puesto que todo el mundo y todos los hombres acaso no sean más que yo mismo… »

El sueño de un hombre ridículo.

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«a photograph of planet Earth taken on February 14, 1990, by the Voyager 1 space probe from a record distance of about 6 billion kilometers. »

«Los botes tirarían, penosamente unidos mediante cabos, de la improvisada balsa. Se produjeron juramentos de que nunca los abandonarían y bla, bla, bla. Al cabo de unas pocas horas se produce la traición. Se cortan los cabos que unen a los botes con la balsa, debido a la imposibilidad de gobernarla en aquella mar desde los botes. Ellos o la balsa. Todos los presentes en aquel conjunto de palos arrastrados no se lo podían creer. El valor de los juramentos pronunciados se lo llevó el viento rápidamente, en cuestión de segundos.»

La maldición de la Medusa. El naufragio más terrible de Francia

La división del mundo en palabras

«¿Qué es el dualismo? El dualismo es la división conceptual del mundo en categorías. ¿Es posible trascender esa tendencia tan natural?

Al acompañar la palabra “división” con la palabra “conceptual”, puedo haber creado la impresión de que se trata de un esfuerzo consciente, y de allí, quizá, haber sugerido la idea de que el dualismo puede ser trascendido mediante la simple supresión del pensamiento —como si suprimir el pensamiento fuese algo tan simple…—. Por el contrario, la partición del mundo en categorías se produce muy por debajo de los estratos superiores del pensamiento; en realidad, el dualismo es tanto una división perceptual del mundo como una visión conceptual. En otras palabras, la percepción humana es, por naturaleza, un fenómeno dualista.

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La esencia del dualismo consiste en palabras: meras palabras. El empleo de palabras es intrínsecamente dualista, ya que cada palabra representa, muy obviamente, una categoría conceptual. […]

Quizá sea erróneo decir que el enemigo de la iluminación es la lógica; antes bien, lo sería el pensamiento dualista, verbal. En realidad, el enemigo sería algo más elemental aún: la percepción.

Ni bien se percibe un objeto, se traza una línea entre éste y el resto del mundo; se divide al mundo.»

Fragmentos: Gödel, Escher, Bach. Un eterno y grácil bucle. Douglas R. Hofstadter.

Imagen: Impresión. Sol naciente. Claude Monet.

Las fluctuaciones de La Nada

«Había dos caminos para los escritos teológicos: uno que sonsacaba la naturaleza de la nada de la que habría brotado la creación; otro que acentuaba la vaciedad y el carácter efímero de todas las cosas temporales. Ambos se orientaban a refutar la herejía de que el mundo había sido creado a partir de materia preexistente, más que a partir de La Nada. El primer camino fue dominio exclusivo de serios tratados teológicos, mientras que el segundo fue la sustancia de poetas metafísicos que trataban de demostrar la nada de la vida cuando se veía en el esquema cósmico de las cosas.

Es importante reconocer que, aunque la doctrina cristiana incluía la noción de creación a partir de nada —creatio ex nihilo—, no incluía la idea de que la creación fuera causada por nada. Según dicha doctrina, la causa de la creación es “Dios”, y no alguna propiedad latente del vacío. “Dios existe siempre pero el universo simplemente carece de una causa propia para iniciar su estructura”.

Tomás de Aquino argumentaba que si no hay absolutamente nada —ningún universo, ningún Dios, ningún ser en absoluto— entonces nada puede aparecer. Pues para causarse a sí mismo, un ser tendría que existir para darse a sí mismo existencia, y esto, afirma él, es absurdo. De modo que si nada absolutamente existía en el pasado, nada existe ahora.»

«Quiero saber por qué existe el universo… ¿De dónde procede y cómo puede entenderse que algo exista?… Ahora bien, si dejo de lado estas cuestiones y sigo adelante hasta lo que se oculta detrás de ellas, esto es lo que encuentro: la existencia me parece una conquista sobre la nada… Si me pregunto por qué existen cuerpos o mentes antes que nada, no encuentro respuesta; pero que un principio lógico, tal como A=A, debería tener el poder de crearse a sí mismo, triunfando sobre la nada a lo largo de la eternidad, parece ser natural… Supongamos, entonces, que el principio en el que todas las cosas descansan, y que todas las cosas manifiestan, posee una existencia de la misma naturaleza que la de la definición del círculo, o la del axioma A=A: el misterio de la existencia desaparece

Fragmentos, El libro de La Nada. John D. Barrow.

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Felicidad.

Recuperar la ilusión

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«La partitura de las Variaciones Goldberg indica que después de la trigésima variación debe retomarse el Aria inicial exactamente repetida y que parezca otra simplemente porque llega después de las treinta variaciones que la separan del primer enunciado.

Cuando se escribe con palabras es imposible utilizar tal procedimiento. Sólo la música, al repetir, no repite. Ahí está su fuerza o su locura: hacer creer que el sentido de una vida puede volverse a tocar, como una Aria da Capo

Fragmento, Glenn Gould Piano Solo.

Imagen: one hundred and twenty five, © Nicole Wu.

El deseo de nuevas perspectivas

«Un lector suficientemente abierto como para permitir en su mente el dibujo de una conciencia radicalmente diferente a la suya propia.

Si se exige talento al escritor, debe exigírsele también al lector. Porque no hay que engañarse: el viaje a la lectura pasa muchas veces por terrenos difíciles que exigen capacidad de emoción inteligente, deseos de comprender al otro y de acercarse a un lenguaje distinto al de nuestras tiranías cotidianas.

Las mismas habilidades que se necesitan para escribir, se necesitan para leer. Los escritores fallan a los lectores, pero también ocurre al revés y los lectores fallan a los escritores cuando solo buscan en estos la confirmación de que el mundo es como ellos lo ven

Fragmento (adaptación), Una de las razones para no leer basura.

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«Amundsen-Scott South Pole Station on October 26, 2010. The warmest temperature recorded that week at Pole was -37.1C and the coldest temperature was -50.2C. (National Science Foundation/Kristina ‘Kricket’ Scheerer).»

Importada de Recent Scenes From Antarctica.

Ella es única en el mundo

«Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas. Puede decir satisfecho: Mi flor está allí, en alguna parte…»

Fragmento, El Principito.

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Imagen: A Laser Strike at the Galactic Center, por Yuri Beletsky: «Astronomers at the Very Large Telescope (VLT) site in Chile are trying to measure the distortions of Earth’s ever changing atmosphere. Constant imaging of high-altitude atoms excited by the laser —which appear like an artificial star— allow astronomers to instantly measure atmospheric blurring. This information is fed back to a VLT telescope mirror which is then slightly deformed to minimize this blurring.»

Es lo que se llama óptica adaptativa.

Los invisibles hilos de los que penden las estrellas

«La realidad pasó a ser granulada, como una película fotográfica. El cuanto de acción, que define el mínimo grano de realidad, no permite un grano más fino y, a la vez, estable. […]

El vacío estable suponía un grano infinitesimal, inexistente, suponía un cuanto de acción nulo, un cuanto de acción que no existe.

El vacío estable, la nada, desapareció.»

Fragmento adaptado, Reflexión informal sobre la fractalidad del mundo.

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«La Nada persigue al ser. Esto significa que el ser no tiene necesidad de la nada para ser concebido y que podemos examinar exhaustivamente la idea sin encontrar ahí la menor traza de nada. Pero por otra parte, la nada, que no es, sólo puede tener una existencia prestada, y obtiene su ser del ser. Su nada de ser se encuentra sólo dentro de los límites del ser, y la desaparación total del ser no sería la llegada del reino del no-ser, sino por el contrario la desaparación concomitante de la nada.
El no-ser existe sólo en la superficie del ser.»

Fragmento extraído de El libro de la nada, de John Barrow.

«Hay eruditos que colocan notas compulsivamente, seis por página, escribiendo lo que equivale a dos libros en uno. Hay eruditos cuyos fríos textos necesitan algo del calor y la alegría que reservan para sus notas, y hay otros eruditos que escriben notas rancias y aburridas como las historias que vienen inevitablemente a la mente de los conversadores de sobremesa. Hay eruditos que escriben notas ambiguas, notas que alteran las afirmaciones de sus textos.

Hay eruditos que escriben notas absurdas e irrelevantes que dejan a sus lectores confusos y perplejos.»

A Handbook for Scholars, M. C. van Leunen.

Este post da título al presente texto.

Imagen: Leaving paradise, de Christian Pitschl.

Building Brasilia

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«Marcel Gautherot was a Paris-born photographer who trained as an architect and worked as an ethnographic photographer in the 1930’s, traveling within Mexico and Brazil to document traditional cultures. There he crossed paths with Niemeyer.»

Fragmento, Building Brasilia: capturing the creation of an ideal city. Editado por Thames & Hudson.

Enlace recomendado: Olhar sobre o Mundo: Brasília por Gautherot, por Nilton Fukuda. Contiene unas imágenes impresionantes.

Motivado por un post de This isn’t happiness.

Resistencia

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«Publicamos, ahora, unos 72000 títulos anuales, entre novedades, reediciones y reimpresiones pero, como todos sabemos y casi nadie queremos reconocer, “de esas decenas de miles de títulos un 95% o más no se come una rosca”, y el 5% restante constituye esa codiciada pieza por la que casi todas las editoriales suspiran, esa “bomba atómica que arrasará con lo demás y salvará holgadamente el balance de la empresa”. […]

A lo máximo que un escritor nocillero puede aspirar es a propagar sus textos por el canal que más beneficios le reporte, pertenecer a ese 5% de superventas destinado a un público al que la lectura le interesa sólo residualmente. Ya no hay espacio alguno que ocupar porque todo ha sido ocupado, invasivamente, por los sellos que alientan un tipo de campo editorial volcado primordialmente hacia la comercialización.»

Fragmento, La inutilidad de la escritura (y la intrascendencia de quienes la practican).

«Leer puede convertirse -de hecho a lo largo de la historia casi siempre ha sido así- en un acto de resistencia, de subversión, de firmeza y contestación, porque el yo se robustece y se atrinchera, se dota de razones y de armas dialécticas para la contienda. Parece que San Benito -con un libro en el regazo- decía: “un claustro sin libros es como un fuerte sin armaduras”. Y Sara Maitland se pregunta: “¿Qué tipo de intercambio se produce entre un libro y su lector? ¿Qué puede proporcionarnos un libro que una persona no pueda? Una respuesta posible podría ser: la experiencia de una relación en silencio; la infrecuente experiencia de una relación en la que nadie habla”.»

Fragmento, El silencio y la lectura.

Imagen: LifeForms: La Résistance, © Mitja Kobal.

Cuentas pendientes…

… con la literatura.

No soy muy amigo de leer libros. Desconozco la sensación de cerrar unas tapas y pensar «en algún lugar al otro lado del mundo —tal vez en otro idioma— hay alguien que me entiende de verdad». Me basta pasar un par de páginas para pensar que estoy ante una montaña de gilipolleces devoradora de tiempo. Aunque como tantas otras veces esté equivocado o sea impreciso, lo que creo que en parte sucede es: las personas no escriben con el corazón, o lo hacen de un modo poco atractivo. La profundidad no tiene por qué estar reñida con la claridad o el entretenimiento. Al igual que con las conversaciones es difícil encontrar textos sinceros o que realmente te aporten algo más allás de pasar el rato. Independientemente del campo que traten. Por favor, ¡quiero construir cosas, crecer! no voy a regalar mi maravilloso tiempo por las buenas, me aburro y conozco miles de formas de aburrirme sin dejarme la vista. 

Aquí traigo tres que a priori son extremadamente interesantes, aunque tengo más esperanzas puestas en el segundo —si no me mina la moral—. No parecen títulos fáciles, pero eso los hace especiales, atractivos. Existe la —no tan remota— posibilidad de que el primero y/o el tercero desborden mis conocimientos —esto lo suple Google— y mi capacidad interpretativa —ante ésto sólo podría volver a nacer, y hacerlo mejor y mucho más listo—, pero, aquí, se aprende a ostias.

1. Gödel, Escher, Bach: un Eterno y Grácil Bucle, de Douglas Hofstadter, lleva acumulando polvo en mi mesita desde hace un par de meses, toda una falta de respeto ante lo que parece una obra notable:

« Hofstadter lamenta que su libro haya sido malinterpretado como una mezcolanza de cosas ingeniosas sin un tema central. Indicó: “GEB es una tentativa muy personal de decir cómo es que los seres animados pueden salir de la materia inanimada. ¿Qué es un “uno mismo”, y cómo puede un “uno mismo” salir de cosas tan faltas de ser como una piedra o un charco?”»

2. El viaje de un nihilista, de Julio Baquero Cruz:

«Novela, libro de viaje, diario, ensayo, confesión… En El viaje de un nihilista, Julio Baquero Cruz se mueve entre los diversos géneros y nos habla con una voz clara y sencilla. Para olvidar un gran amor perdido, el narrador y protagonista inicia un viaje melancólico por el centro y el este de Europa, bordeando el Danubio, camino de Estambul. Pero cada ciudad que visita y cada personaje con que se cruza sólo subraya la ausencia del amor y el absurdo de su vida. “El viaje no servía para nada. No era más que un círculo trazado en el vacío“, nos dice en un pasaje de esta travesía interior en busca de coordenadas para existir.»

3. Una mirada a cámara : teorías de la fotografía, de Charles Baudelaire a Roland Barthes:

«[…] este ensayo surgió como un intento de elevar la fotografía al puesto que se merece en el pensamiento actual “con la esperanza de asegurar una presencia a una herramienta que, antes que servir a la reproducción mecánica y caprichosa del mundo, responde a una necesidad fundamental y a una obsesión tan primitiva como eterna en el ser humano: la prolongación de su presencia, más allá de la muerte“».

Respecto a esto último quiero añadir que la fotografía —por mucho que la aprecie— no está a la altura de la palabra a la hora de cubrir este objetivo (para algunos esto será una barbaridad, para otros será una verdad evidente). No concibo nada superior al volcado masivo de los pensamientos sobre el papel —o el soporte que sea— de un modo finamente estructurado (idealmente…), como un libro permite. Es ciertamente posible condensar una historia, un sentimiento, en una imagen. ¡Parte de ti puede sobrevivir en un trozo de papel, en una pantalla! Pero con la imagen, exclusivamente, es claramente difícil el conseguirlo, pues al observador se le presupone aún más formación o sensibilidad de la que sería necesaria para transmitir un mensaje equivalente a través de la palabra escrita, en cuanto a despertar las mismas emociones, sin corromperse significativamente. Hace falta cierta educación para leer una imagen, ir mas allá de la fugaz exploración aleatoria —más bien: no en el orden y no con el peso exacto que el autor desearía para cada idea— de sus componentes. Con la literatura, el mensaje se recibe de forma adecuadamente ordenada según los deseos de su creador y pueden dejarse muchas notas a pie de página y adjuntarse extensas aclaraciones a la obra. Si así se desea, al final, el lector poco o nada tiene que saber de antemano para poder desenvolverse con soltura, sólo se necesita tiempo para abarcar la obra pero desde luego no la intercesión de su creador. Con ésto ya tenemos algo muy importante ganado —otro tema es que, aún en el mejor de los casos (la palabra escrita) el receptor priorice inconscientemente o de forma poco afortunada una porción del contenido; éso, aunque es función del canal de comunicación, siempre estará fuera de control hasta cierto punto, y hay que vivir con ello—. Aquí el observador tiene que poner también mucho de su parte —dependiendo de la profundidad de la obra— y lo que se lleve dependerá también de lo que él traiga consigo, pero esto es una variable de mucho mayor peso en la fotografía que en la literatura, a mi parecer, en parte debido a que la compresión de la información en una imagen hace que su valor intrínseco disminuya respecto al texto. Hay que situarla en un contexto porque, en otro caso, más que transmitir ideas o sentimientos (al menos en la fotografía puramente artística) lo que hacemos es revelar al espectador los suyos propios. Es difícil porque la fotografía se fundamenta en la exclusión de elementos superfluos del escenario, y la literatura en la creación de un mundo partiendo de cero.
Y podría decirse que, a mayor grado de abstracción (claramente !=compresión, ojo, no nos perdamos), mayor integridad del mensaje, mayor esfuerzo por parte del lector y mayor extensión de la obra: llevándolo al extremo para ejemplificarlo, si quisiéramos transmitir mediante las formalizaciones matemáticas habituales lo mismo que mediante una fotografía o un poema, sería intratable para el espectador.

La memoria no guarda vídeos, pero tampoco fotografías —al menos, no en mi caso—. Salva de… ¿la nada? —divagaciones filosóficas aparte—, del olvido, escenarios en forma de sentimientos, acompañados de un pequeño esbozo de lo que fue, del sentimiento de las formas, como fantasmas, pero no de su visión verdadera. Y ahí reside precisamente el valor de la técnica fotográfica. Permite revivir esos escenarios, despertar ideas almacenadas en los lugares más profundos de nuestra mente, que se enlazan y superponen, como capas de información y de emociones de otro modo relegadas a la desintegración, a la imagen que sirve de soporte a todo ésto.

Lo mismo pero muy resumido: las letras guían, las imágenes dicen: «ésto es lo que hay, saquen sus propias conclusiones». 

¿Que lleva a alguien a hacer una foto de cierto motivo en determinada forma? ¿qué me lleva a mi a elegir estas imágenes para acompañar los artículos, y no otras? ¿no hay acaso una necesidad de externalizar sentimientos que sólo el autor conoce? La imagen es el camino más fácil y menos costoso —o doloroso— para conseguirlo, y en éste sentido sirve más al creador que a su público. No se trata tanto de sobrevivir a través de la obra —por favor, si estas pensando en los autoretratos es que no me has entendido nada— como de escoger un camino para expresarnos, abrazarlo y ser felices aquí y ahora explorando nuestras capacidades creativas.

La fotografía es de mucha más fácil exhibición, pero no tengo claro que el resultado de ello sea un verdadero éxito si lo que se desea es transmitir un mensaje, ir más allá del espectáculo o de la estética. Las herramientas están ahí y yo ya he dejado con anterioridad mis impresiones acerca del arte de componer historias cámara en mano.

Para finalizar: sólo supuse que, tal vez, alguno de mis lectores se interesaría también por estas obras tras repasar este post, aunque sean bastante populares. No descarto nuevas incorporaciones a esta lista, mas el tiempo disponible para estos menesteres es breve —tengo tantos proyectos que ya no sé dónde encajar cada cosa…—, y, como bien decía Schopenhauer: «sería bueno comprar libros, si se pudiera comprar a la vez el tiempo para leerlos; pero casi siempre se confunde la compra de los libros con la apropiación de su contenido».